11/19/2008

MAS SOBRE … ¡EL PÁNICO!

Joaquín Ortega Arenas. Nuestro corresponsal en la Ciudad de Guadalajara, nos ha enviado un sustancioso pero breve ensayo sobre el tan traído y llevado tema de la crisis mundial y “sus efectos” sobre nuestra profundísima crisis que con todo gusto hago llegar hasta nuestros queridos lectores: “…No cabe duda que la devaluación que padecemos nos ha traído hasta los 13,000 pesos por dólar, en vez de los 12.50 que se instauró allá por el año de 1956, y creo que si emitiéramos moneda en plata con mayor valor nominal que el material (digamos del triple, ej. monedas de 100 pesos, representados por plata aliada con valor intrínseco de 30), no se resolvería mayor cosa, que no fuera producir un alza pasajera en el valor del metal y un buen negocio para Peñoles; la referencia a un valor cualquiera, acaba por ser relativo y oscilante, de ahí que la moneda domestica solo es representativa del valor de producción total del país de que se trate. No obstante, de la misma forma en que a México le era esencial sacudirse de golpe la ineficiencia productiva de toda la industria y la rabiosa especulación monopólica del comercio, hacia 1990, en manos de puros favoritos del sistema y del tirano del momento, Salinas hizo bien en meter al país al TLC, aunque lo haya hecho valiéndose de la parte más oscura de su cuerpo, porque la transformación ocurrida benefició al consumidor y redireccionó a las empresas hacia la eficiencia, la racionalidad, la competencia global ... pero no las hizo tributar. Bueno, decía, de la misma manera que a matacaballo nos metieron en la modernidad económica para matar una generación de políticos chupasangre que acaparaban privilegios sin par, ahora hay que intentar que la fortaleza monetaria también pase por la vuelta a un metal precioso, abundante en México, para salirnos aunque sea un poco del huacal con los gringos; vender por un tiempo a buen precio nuestra plata; fortalecer el poder intrínseco de la moneda; darle a la gente esa ilusión de solidez; reordenar y someter más a los banqueros si quieren el ahorro de la gente; etcètera. Sobre la condición pútrida de la política nacional, mejor ni abundar: sigue siendo nuestro problema, el de la gente en el país, por no discutir entre nosotros con la abundancia suficiente cada uno de los problemas que enfrentamos, ni nos gusta sumar con nuestros semejantes. ¡Que país, valedor, que país!

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