10/31/2011

¡QUE SORPRESAS NOS ESPERAN!

Joaquín Ortega Arenas.

Los diarios de hoy, 29 de octubre de 2011 en que escribo este mensaje, publican la noticia:

“… Firmará convenio con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, informa consejero. Tendrá la Judicatura acceso a datos financieros de jueces y magistrados. Cada sentencia del ramo federal cuesta 31,381 pesos, dice Moreno Collado en seminario de transparencia…”

A partir de la fecha en que entró en vigor la Ley de Amparo, han ocurrido una serie de hechos, ligados a la justicia y ajenos a ella, que han tenido como consecuencia que la “Justicia Federal” haya , poco a poco, dejado de ser una verdadera Justicia Federal para convertirse en una tercera instancia de la Justicia del Fuero Común, agravando el problema creado por el Jalisciense Mariano Otero, de “acaparar” por decirlo de alguna manera, el control de todas las cosas en este País, que sacralizó Antonio López de Santa Ana en 1848,leyes en que se determinó la muerte del federalismo tan defendido por don José Maria Luís Mora y se abrieron las puertas a la dictadura encubierta en que hoy vivimos, al establecer , bajo el pretexto “ del control de la “constitucionalidad”, el monopolio exclusivo de la federación para esos actos, y su facultad para revocar, vía Suprema Corte de Justicia de la Nación, todos los actos administrativos y legislativos que los dizque estados federados verificaran. Se prohibió a los Poderes Judiciales de los Estados, hacer análisis y pronunciamiento sobre “constitucionalidad” y su soberanía se redujo a una tercera parte de la que un estado democrático requería. Otros Héroes de la Patria tendrían que dar el tiro de gracia a la soberanía de los Estados. Porfirio Díaz, al ampliar la esfera del control de la constitucionalidad, a los asuntos meramente civiles y mercantiles, (1909) y Victoriano Huerta, al determinar que los funcionarios judiciales no deberían ser democráticamente electos, sino designados chapuceramente por el señor Presidente de la República (1914).

Reformas posteriores a la promulgación de la Ley de Amparo han agravado el problema. Se acabó la “Federal” existencia de la justicia, y como lo hemos señalado hemos llegado a formar una justicia superpuesta, supuestamente “Federal”, que no es otra cosa que una Tercera Instancia. Casi cada Estado de la República se ha convertido en un Circuito de la Justicia Federal y desempeña las funciones de una tercera instancia de la justicia del Fuero Común. Obviamente, eso ha disparado el número de expedientes que la nueva tercera Instancia de la Justicia del Fuero común tiene que tramitar pero, no es eso lo peor. La corrupción y venta de injusticia se ha duplicado. Están al mejor postor muchos, pero muchos funcionarios de la Justicia del Fuero Común y se han multiplicado hasta el infinito los juicios de amparo que llegan a la Justicia Federal con la esperanza, muchas veces coronada por el éxito, de encontrar otro funcionario “dúctil” que modifique las resoluciones lícitas del “inferior” o bien que convierta en ilícitas las que se obtienen en la “tercera instancia”.

En la hoy sacrosanta Tercera Instancia, generalmente se dictan sentencias legales y justas que, y aquí está el verdadero problema, en contravención expresa con el mandato constitucional que determina que son improcedentes los juicios de amparo que se enderecen en contra de sentencias dictadas en otro juicio de amparo o en ejecución del mismo, (Fracción IX del artículo 107 Constitucional y Artículo 73 de la Ley de Amparo), los Tribunales o mejor dicho, algunos Tribunales Colegiados admiten nuevos juicios de amparo para “revocar” las ejecutorias de amparo y las sentencias que se hayan dictado por las autoridades responsables en cumplimiento de aquellas.. Conocemos decenas de casos en que existen tres o cuatro juicios de amparo directo respecto a la misma cuestión y en el mismo Tribunal. Tal parece que se trata de una competencia de “ …a ver quién da mas…” o lo que es peor si posible fuera, “…de quién cuenta con un mejor “padrino” para obtener el triunfo en el juicio…” , mas nunca la verdadera justicia.

La medida adoptada por el H. Consejo de la Judicatura Federal que cometamos, nos traerá indudablemente grandísimas sorpresas…y, de verdad sería muy conveniente que los resultados obtenidos fuesen publicados. Los delincuentes, por desgracia, siempre tienen una gran protección con el silencio y el disimulo y desconocimiento de sus fechorías.

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