1/05/2014

EL INSTITUTO DE ORIENTACIÓN ECONÓMICA.




Joaquín  Ortega  Arenas.

Para  Joaquín Ortega Guzmán, padre ejemplar y Funcionario Judicial ejemplar, en el septuagésimo primer  aniversario de su fallecimiento.

En el ya lejano año d 1945, llegó a México,  expulsado de  Argentina por Juan Domingo Perón, un eminentísimo maestro de  la Universidad de Buenos Aires,  Isaac  Livenson Torra. Se acomodó con su familia, como pudo, en un pequeño departamento en el cuarto piso de un  edificio ubicado en las calles de Guerrero.   Su prestigio internacional, pronto le proporcionó encomiendas y estudios por parte de la cúpula empresarial de México.
Sus inquietudes políticas y económicas, interminables,  lo llevaron a la fundación del INSTITUTO DE ORIENTACIÓN ECONÓMICA, para cuyo funcionamiento reclutó los más distinguidos egresados de la recientemente fundada Escuela Nacional de Economía de la UNAM.,  entre los que se encontraba, y lo relato con orgullo,  mi hermano mayor, Juan Ortega Arenas,  que me llevó a su lado, no como investigador, desde luego, sino para las tareas de menor importancia.
El Instituto realizó un análisis del  “PROBLEMA AGRARIO DE MÉXICO”, que se publicó con financiamiento del Sindicato Ferrocarrilero  y mereció una medalla de oro  y cincuenta mil pesos, del H. Congreso de la Unión. Continuó con “EL PROBLEMA FINANCIERO”.  con el mismo éxito y premios  del mismo H. Congreso de la Unión. Como tercero estudio, se eligió “EL PETRÓLEO DE MÉXICO EN EL MUNDO” y,  se imprimieron  cinco mil ejemplares  con el mismo financiamiento del Sindicato Ferrocarrilero, sólo que este estudio, en el que con  orgullo relato  se me dio mayor intervención, llegó a manos de la Presidencia de la República  antes de salir a la luz pública. La noche del treinta de abril de 1950,  la policía  allanó el edificio del Sindicato Ferrocarrilero, ubicado en las calle de Puente de Alvarado, y confiscó, completa, la edición. A la misma hora,  Agentes del Servicio Secreto nos detuvieron a mi hermano mayor Juan y al autor de este relato,  a las puertas de su casa y… nos confinaron durante veintinueve días  en las mazmorras de la Jefatura de Policía en la esquina de las calles de Revillagigedo y Victoria.   Nadie sabía en donde estábamos, y solo por los silbidos de arriero que dominaban muy bien mis hermanos, nos localizaron y ocurrieron  en demanda de ayuda al Procurador General de Justicia del Distrito Federal,  viejo amigo de nuestro padre y maestro, tanto de mi hermano Juan como del suscrito. Don Carlos Franco Sodi y… el señor Procurador fue en persona a rescatarnos. Poco tiempo después, deportaron al Maestro Livenson… a Argentina.
No era posible. Como después de que el Gobierno de México,  por conducto del Congreso de la Unión otorgara dos premios nacionales,  se nos detuviera, y se confiscara la edición del tercer estudio y,  además se deportara al autor de esos estudios laureados en grave violación de las garantías individuales.
El recuerdo de ese episodio de nuestra vida  nos ha hecho buscar las causas de  situaciones tan injustas e ilícitas que nos tocó vivir, y por fin, la hemos encontrado  en una entrevista que con el diario  “O GLOBO”, desde luego, brasileño, tuvo hace unos días, Marcos Camacho, más conocido por el sobrenombre de Marcola,  el máximo dirigente de una organización criminal de Sao Paulo (Brasil) denominada Primer Comando de la Capital (PCC), en la que el  “delincuente”  nos ha dado a todos los habitantes de Latinoamérica,  una verdadera lección  y que trascribo solo la parte final , por su importancia.
“….Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio… Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y “colocado en el microondas”.
Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes.
Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en “super stars” del crimen.  Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos “globales”. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros “clientes”. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos. (¡MENUDO COMENTARIO WOW!)
O Globo: ¿Pero, qué debemos hacer?
Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a “los barones del polvo” (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?
No tienen dinero ni para comida de los reclutas Estoy leyendo “Sobre la guerra”, de Klausewitz. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros… solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?
O Globo: Pero… ¿No habrá una solución?
Marcola: Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema.   Como escribió el divino Dante:
        “Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno”.
¡Qué opinas, querido lector?  Tienen la razón los gobiernos de Latinoamérica, como el nuestro,  o la tiene el delincuente. 

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